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SOBRE LA SIERRA PIEDRA LABRADA Desde la cabecera municipal Tatahuicapan de Juárez, una carretera se adentra la sierra, serpenteando entre montañas y valles, pasando varias comunidades hasta llegar, después de 22 kilómetros, al ejido de Piedra Labrada. Unas cien viviendas ubicadas en ambos costados de la carretera forman el poblado.
La comunidad nundajiyi' o zoque-popoluca de poco más de 500 habitantes se encuentra asentada a 500 metros de un sitio arqueológico con vestigios de la cultura Olmeca, reocupado en el periodo clásico por grupos Nahuas procedentes del centro de México. De hecho, el nombre de la comunidad se debe a que ahí se encontró una estela de granito cuyas inscripciones han sido asociadas a la cultura Teotihuacana, misma que en la década de los 60 fue llevada al Museo de Antropología de Xalapa. Piedra Labrada, al encontrarse a lo largo del camino principal de la zona nororiental de la Sierra, es un centro micro-regional de atracción al que acuden cotidiana o frecuentemente personas de muchas comunidades de los alrededores, ya que cuenta con servicios educativos desde preescolar hasta bachillerato y con una clínica de salud.
HISTORIA DE Piedra Labrada Los fundadores de la comunidad de Piedra Labrada, perseguidos por haberse rebelado contra las fuerzas federales en 1906, tuvieron que esconderse en la selva de la Sierra de Santa Marta, en donde dos años después descubrieron una ciudad prehispánica abandonada. La estela que ahí encontraron, les recordó a Jomxuk, el principal ser mítico de la cultura nundajiyi', el niño que regaló el maíz a los humanos. Decidieron quedarse en ese sitio de abundante selva, entre la playa y la montaña, y dos ríos de agua cristalina, y fundar un pueblo llamado Piedra Labrada.
Probablemente llevaba 900 años sola, cuando la encontraron. Como un secreto escondido en la selva. Entre dos ríos de agua cristalina. Custodiada por chaneques. Erguida como los frondosos árboles centenarios a su alrededor, casa de monos aulladores anunciantes de la lluvia. Sobre una colosal base de piedra, una estela de dos metros de alto finamente labrada, como digna sobreviviente de una antigua ciudad que fue habitada por diferentes pueblos desde al menos el año 1200 a.c. hasta el año 1000 d.c., según lo establecido por investigaciones arqueológicas.

© El Timbre A.C. 2019

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Fotografías: Alberto Córdova, Demián Ortiz, Germán Romero, Jenny Cárdenas, Luis Alberto Mendoza, Manuel Polgar, Mayra del Carmen Robles, Nele Vandeneynde, Pedro Fernández, Quetzalli Malagón

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